Orsay, arte en una estación de tren
París es una de las ciudades dedicadas al arte más importantes del mundo. Junto al Museo del Louvre y al Centro Georges Pompidou encontramos el Museo de Orsay, un paraíso de las artes plásticas, la escultura, la pintura, la cerámica y la fotografia.
Una estación de tren que quedó relegada a los trenes más pequeños, que más tarde se utilizó como oficina de correos, y que en 1977 se decidió convertirse en museo. Esto sólo podría ocurrir en París, una ciudad famosa, entre otras cosas, por la importancia que le da al arte.
Colección en el Museo de Orsay
El arte que alberga el Museo de Orsay es un recorrido por las obras de entre 1848 y 1914. Así, la pintura realista, la impresionista y la post-impresionista tienen un espacio reservado entre las paredes de este museo. No faltan Renoir, Millet, Ingres, Monet, Van Gogh, Gauguin, Courbet, Manet, Cézanne, Seurat, Pissarro o Delacroix.
Entre las obras destacadas podemos ver el “Baile en el Moulin de la Galette”, de Pierre-Auguste Renoir, “Ta Matete” de Paul Gauguin o “Los tejados rojos” de Camille Pissarro.
También tienen cabida en el Museo de Orsay la escultura, el cine o la arquitectura. El propio museo es en sí mismo una obra de arte arquitectónica. En cuanto a artes decorativas, encontramos salas dedicadas al Art Nouveau o al movimiento Arts & Crafts. De fotografía, los autores más representativos son Gustave Le Gray, Shaw, Regnault o Nadar.
El edificio. Un recorrido en el tiempo
Establecido en la antigua estación de Orsay en el centro de París, junto al Sena y frente al jardín de las Tuileries, fue la Exposición Universal de 1900 la que llevó a su construcción. Y se consideró al edificio como la primera obra de la Exposición.
Pero no fue hasta 1986 cuando el edificio se convirtió en un museo. Y fueron Bardon, Colboc y Philippon los encargados de llevar a cabo tan difícil obra, ya que tenían que respetar la arquitectura de la antigua estación, de Victor Laloux, dándole un nuevo aspecto acorde a su nuevo destino. Así, la nave se convirtió en eje principal, y la marquesina en la entrada principal.
El museo le dio mucha importancia a la escenografía, y para ello contrató al equipo de Gae Aulenti, con Italo Rota, Piero Castiglioni (que se encargó de la iluminación con luz natural y artificial) y Richard Peduzzi (que presentó la arquitectura). El suelo y los muros se revistieron de piedra, lo que da un aspecto antiguo al edificio.
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