Museo Judío de Berlín
Este lugar es obra del arquitecto estadounidense de origen judío Daniel Libeskind, un lugar que ofrece de manera ordenada y clara la historia de los judíos durante la Segunda Guerra Mundial.
Podemos hacer una diferenciación del Museo en tres partes:
Void Void
Se sitúa en algo similar a lo que podría ser una especie de callejón sin salida. El suelo se encuentra cubierto por una alfombra de chapas de acero que tienen formas de cara. Todas ellas son diferentes pero sin embargo también tienen un punto en común y es que todas y cada una tienen la boca abierta, como si estuvieran gritando.
Al pisar sobre ellas se mueven provocando sonidos secos y duros que repican en los muros de hormigón causando algo similar a lo que podría ser un lamento que pone la carne de gallina. A pesar del sonido constante al pasar por allí, la sensación es de vacío, de silencio interior, de angustia…
El Jardín del Exilio
Como su propio nombre indica, la situación de esta parte del Museo Judío de Berlín es al aire libre. Un lugar con forma cuadrada en el que se levantan enormes bloques de hormigón como si fueran en los que crecen olivos.
El suelo cuenta con un desnivel y al pasear entre esos bloques y mirar hacia la parte superior, se puede ver el cielo, el verde de las hojas de los árboles lo que genera cierto mareo.
Una forma de generar la sensación de la gente que pudo salvarse de las garras del terror de los campos de concentración pero que nunca pudo sentirse libre porque jamás pudo contar con un lugar al que pertenecer realmente.
La Torre del Holocausto
Se trata de una estancia que está cerrada con una dimensión de aproximadamente unos 10 metros de altura, con forma de trapecio, todo en su interior tiene un color gris. Allí se encuentra una escalera que no lleva a ninguna parte, con una pequeña ranura por la que se cuela la luz y el sonido del exterior.
Otra manera de conseguir que podamos imaginar, aunque a un nivel ínfimo las terribles sensaciones de los presos judíos en los campos de concentración nazi.




