Museo de Bellas Artes, el más importante de Andalucía
Situado en una plaza dedicada a sí mismo, la pintura barroca sevillana y la pintura andaluza del siglo XIX no podrían conocerse tan bien sin la existencia de este museo. Y es que Zurbarán, Murillo o Valdés Leal son sus pintores estrella.
Historia del Museo de Bellas Artes de Sevilla
En septiembre de 1835 un Real Decreto fundó el Museo de Pinturas, en el que se expusieron obras que procedían de conventos y monasterios después de la desamortización de Mendizábal. Esto explica que ocupe un antiguo convento, el de la Merced Calzada, fundado por San Pedro Nolasco en unos terrenos cedidos por Fernando III después de conquistar la ciudad.
Durante las primeras décadas del siglo XVII, Fray Alonso de Monroy transformó el edificio, encargando las obras al arquitecto y escultor Juan de Oviedo y de la Bandera. En 1612, lo primero que hizo éste fue derribar el edificio mudéjar y construir una obra que sería clave para el manierismo andaluz.
Tres han sido los grandes cambios que ha sufrido el museo desde su fundación: entre 1868 y 1898 se restauraron las arquerías y muros del primer piso, y se realizó el solado y alicatado de los claustros con azulejos que procedían de conventos desamortizados. Entre 1942 y 1945 se abrió el patio de las Conchas y se trasladó la fachada principal a la calle Bailén. Por último, entre 1985 y 1993 se rehabilitó por completo el edificio para adecuarlo a las normas museográficas modernas.
La colección del Museo de Bellas Artes de Sevilla
Las primeras obras que habitaron el museo fueron las procedentes de la desamortización de 1836. Ya en el siglo XX la colección aumenta gracias a los eruditos coleccionistas sevillanos, entre los que destacan Rafael González Abreu, José Gestoso o Andrés Parladé.
Estos donan sus obras, consistentes en pinturas y esculturas de muy diferentes temáticas, pero también armas blancas y de fuego, tejidos o cerámicas antiguas. En un principio, cada donante tenía dedicada una sala. Pero en los setenta se dejó de dar tanta importancia a la cantidad de obras, para dársela al sentido que cada pieza aportaba a la exposición. Así, se redujeron los contenidos para dar una mayor limpieza a la presentación de la colección permanente.
